jueves 5 de noviembre de 2009

Informática: primeras clases


Querida María, ayer como casi todos los días, te metí en la cama y te conté un cuento.
Luego me pediste que habláramos un poco y que te contara lo que había hecho durante el día en el trabajo.
Te conté que había estado haciendo un programa para un cliente.
-"Y ¿qué hace ese programa?".
-" Pues es un programa para comprar y vender."
-"Ya, es una central de compras"- me incorporé del susto. Pero ,¡de dónde sacas esas expresiones!.
-" Nosotras en clase tuvimos clase de informática con Roberto. Nos enseñó las partes del ordenador: el ratón, el teclado , la pantalla o monitor y la torre. Pero yo le dije que el de mi papá no tiene torre porque es un portátil".

Qué rápido vas, hija mía. Cada día es una sorpresa. Y no veas cómo manejas el touch-pad del portátil, casi tan bien como el ratón.
Recuerdo que el sumun de avance tecnológico de mi niñez era el Electro de Rima o el scalextric con el que montábamos carreras los sábados por la mañana mis amigos y yo.
Poniéndose a pensar en la evolución tecnológica de los últimos cien años y personificándola en mi propia familia, el mayor avance tecnológico para mi abuela fue la radio de galena, para mis padres la televisión y el teléfono, para mí, la televisión en color y el comienzo de la telefonía móvil y la informática personal, para tu generación, los miniordenadores y la comunicación global con Internet, y quién sabe qué adelantos tendréis.
Recuerdo cuándo vi el primer ordenador o computadora. Fue en Madrid, en las oficinas de la antigua ENSIDESA. Un amigo de mi padre era jefe de contabilidad y nos enseñó el primer IBM que habían comprado para hacer las nóminas. Con él se reducía el trabajo de un mes a 10 días.
Mi primer ordenador fue un Commodore PET que me regaló mi primo Ángel, de Sevilla.

Cuántas cosas interesantes te va a traer el futuro, querida hija.
Nunca caminarás sola.
Te quiere, papá.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Una noche



Querida María, la noche del sábado fue especial.
Estábamos en una casita de campo, con la puerta de la misma orientada hacia el Este.
La noche era clara y serena. Nada parecía anunciar la lluvia que nos visitaría al día siguiente.
La luna, casi en su fase de llena, estaba baja sobre el sudeste, casi deslumbrando el brillo del resto de los objetos celestes que había a su alrededor.
La silueta de la cordillera del Sueve era como una mancha de tinta negra sobre el cielo azulo obscuro.
Salimos fuera los dos, a acariciar a la gata que se había acercado a la casa desde la mañana temprano.
Levanté la vista y lo vi. Orión, el gigante ciego subía por el cielo del Este.
Instintivamente prolongué la linea de las estrellas de su cinturón (Alnilam, Alnitak y Mintaka ) para llegar a Aldebarán y continuar el tránsito hacia las Pléyades.
Allí estaban todas: Taygeta, Pleione, Merope, Maia, Electra, Celaeno, Atlas y Alcyone.
Tomé los prismáticos y te las enseñé.
Miramos un rato otras estrellas y te fui diciendo algunos nombres. Hacía frío y nos metimos pronto en casa, al calor de la chimenea.
-"¡Gracia, papá! ¡Qué estrellas más bonitas me has enseñado!"

Gracias a , María. Me enseñas a apreciar las cosas que de verdad son importantes, como tener un momento para enseñar a tus hijos el nombre de una estrella o intentar que se fascinen por la belleza de una noche, por el ronroneo de un gato o por encontrar una flor morada en medio de un campo de margaritas.
¡Tú me enseñas tantas cosas!

Nunca caminarás sola.
Te quiere, papá.

miércoles 28 de octubre de 2009

Esperándome

Querida María, ayer llegué tarde a casa, alrededor de las 9 de la noche. Yo pensaba que ya estarías en la cama, pero cuando entré por la puerta, me estabas esperando en el salón.
-"Papito,es que quería verte porque tenía mimos tuyos".
Me senté junto a ti y de inmediato te subiste a mis brazos.
-" Hoy la profe de música nos ha enseñado una familia de instrumentos: el violín es el hijo, la viola es la hija, el violonchelo es la mamá y el contrabajo es el papá. Se llama contrabajo porque cuesta mucho llevarlo".


No paras de aprender cosas.
A los pocos minutos te convencí de que había que acostarse.
-"Pero me cuentas un cuento"
Me inventé un cuento sobre la marcha , de un caballo y un burrito.
Te gustó.
-" Buenas noches, papá, te quiero más que a un sol".
Yo también, hija mía.

Nunca caminarás sola.
Te quiere, papá.

jueves 22 de octubre de 2009

Un momento de tu tiempo, un gesto, una sonrisa

Querida María, hoy un amigo en facebook, Alberto Falcón ha escrito una nota que me ha hecho recordar algo que vivimos juntos hace un par de años, más o menos.
Era una tarde de sábado, otoño o invierno, no estoy muy seguro, aunque recuerdo que hacía frío y tú llevabas guantes.
Paseábamos agarrados de la mano por la calle Covadonga, cuando en la acera de enfrente, un músico callejero, sacó su violín, activó el cassete donde tenía grabado el acompañamiento de piano, y comenzó a interpretar el "Ave, María" de Schubert.
Nos paramos. Te cojí en brazos y te dije " Escucha, María, esa canción se llama como tú".
Cruzamos de acera y nos acercamos más al músico, nos situamos frente a él y nos sentamos en el banco que allí había. Escuchamos todo el tema. Me emocioné, tanto que se me saltó alguna lágrima, esa canción ha surtido siempre el mismo efecto en mí.
Fuimos los únicos que nos detuvimos. Nadie más en la calle se dió cuenta de la emoción de la escena, nadie más parecía percibir que allí había un intérprete dando lo mejor de sí para expresar sus sentimientos con un violín y un arco.
Cuando acabó, nos acercamos a él, tú le echaste unas monedas en el cesto y yo le dí un abrazo y los gracias.
Nos sonrió, entre agradecido y sorprendido. Estoy seguro que en el fondo agradeció más el gesto cercano del abrazo que el dinero.
Aprecia a los demás, a su trabajo y a las cosas que haga, las haga bien o mal , pues nacen de su esfuerzo y de su dedicación.
Dá las gracias a quien te haga sentir un momento de felicidad a cualquier hora y en cualquier lugar.
Detente un momento para poder apreciar lo que realmente tiene importancia: una canción, un sonido, una palabra, un gesto, un sentimiento, un silencio.
Yo guardo todos y cada uno de nuestros momentos como un tesoro incalculable.

Nunca caminarás sola.
Te quiere, papá.

P.D: te dejo esta interpretación magistral de María Callas